Cuenta una vieja leyenda que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Máximo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros y Soledad, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
- Nos amamos - empezó el joven.
- ¡Y nos vamos a casar! - dijo ella.
- Queremos un conjuro, un hechizo, un tailsmán...
- ...algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos
- Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta el día de la muerte...
- Por favor - repitieron - ¿Hay algo que podamos hacer?
El viejo se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo -dijo el viejo después de una larga pausa- pero no lo sé, es una tarea muy dificil y sacrificada...
- No importa - dijieron los dos- haremos lo que sea.
- Bien -dijo el brujo-. Tú, Soledad, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola, y nos deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
- Y tú, Máximo, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la mas bravía de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla y traerla aquí con vida.
El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado los sacaran de las bolsas. Los jovenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados.
- ¿Volaban alto? - preguntó el viejo.
- Sí, sin dudas. ¿Qué haremos ahora? - preguntó el joven -. ¿Los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No - dijo el viejo -. Tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando los hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.
- Este es el conjuro: jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse entre sí. Si quieren que el amor entre ustedes perdure aprendan a volar juntos... pero jamás atados.
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2 comentarios:
es la mejor leyenda qe conozco, y ya sabes lo qe pienso de como hay qe vivir :) te amo :)
(L)
YO MAS.
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