
Con ese dolor que te carcome el alma ¿es posible perdonar? ¿Cómo pensás lateralmente frente a la crueldad? Ya no alcanza con el pensamiento lateral, hay que pasar a otra instancia, hay que pasar a sentir lateralmente, transformar el dolor, el odio, la ira... en otra cosa. Buscar dentro de cada uno la salida a nuestros karmas, porque eso que nos persigue como un fantasma lo hace para que podamos cambiar, para aprender, para crecer, y tal vez hasta llegar a sentir un amor profundo por esa piedra con la que tropezamos tantas veces. Porque esa piedra también nos enseñó a caminar. El karma es una ecuación rentable: pagas tus malas acciones o cobras tus buenas acciones. Tal vez corriste toda tu vida una carrera a ninguna parte y solo al volver a casa te das cuenta que ahí estaba lo que buscabas. Ese fue tu karma: buscar ese algo, llenar ese vacío, vacío que no se llena con nada. Para dejar atrás el pasado se necesita mucha luz. Para terminar con el karma hace falta mucha fe.
Debes llorar todo ese dolor, llorar la tristeza, llorar las tragedias, llorarlo todo. Llorar todo el dolor, sacarlo... porque ocupa un lugar de la alegría, del amor. Cuando lloras no solo lloras el dolor, también lloras el odio, el resentimiento, la frustración, te vacías de todo eso. Cuando lloras riegas, y tal vez algo florezca. Porque cada lágrima trae una enseñanza, cada lágrima es una parte de ti que muere, cada lagrima es algo de ti que quiere renacer. Y una vez que lo hayas llorado todo, toda la tristeza, la soledad, comprenderás que las cosas simplemente son como son y no por eso han de ser malas. Las cosas son como son: bellas, duras, inexplicables, complicadas. Hay de todo en la vida: obstáculos, alegría, sin sabores… llora mucho, pero luego ríe, porque eso hacen las esperanzas, lloran todo lo que esperan pero ríen sabiendo lo que vendrá.
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Así murió la flor, la que sólo dió espinas.
Yo lo maté porque era mío, no lo dejé decir adiós.
No hubo testigos ni cuerpo en un callejón:
yo lo maté en mi corazón.






