miércoles, 27 de mayo de 2009

Almagro-Haedo

Me abriste el pecho en dos con un flechazo certero y espiarte pasó a ser una parada más en mi ruta cotidiana. Una mirada, una semana peleándome por vos, contra mi mundo por vos. Durmiendo en soledad se duerme abrazado a los miedos, y sin tener valor enloquecí a mi alrededor. Un baldazo de agua fría, un sueño en pesadilla al ver cerrado el local de ilusión sin que supieras quién soy. Un panfleto supo dar cierto coraje y supiste ser mi enana a mi gigante, pasé de esconderme a querer profanar las puertas del Edén y pisé en falso en la estación del tren. Y tu tiempo me dijo al oído "estoy clausurado para el que no pelea" despertando el otro lado de la moneda. Operando volvió con ingenio armado al ruedo demostrando, el doctor, que el pulso no temblaba más. Se acortaron las distancias, Almagro-Haedo se fundieron en un fuego que pretende ser eterno. Hoy ya no existe más aquel que teme a los abismos y es hoy, gracias a vos, que mis miedos tienen terror. Es tu risa que desarma, todas mis tropas se rindieron a tu reino de enseñanzas. Sentí que el destino esperaba jugarme a matar o morir, vencí a ese extraño que supo habitar en mi. Este hombre sensible no cruza los brazos, no cree en refutar leyendas, demostró que tu amor no lo gana cualquiera...



Es un himno de las pastillas del abuelo, la canción que más me toca.
Es esto, que se cumple en solamente veinticuatro horas.

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